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  • Writer's pictureNicolás Smith

Bici caravaneando por el Lago Ranco

A fines del 2023 y principios del 2024, un grupo de 15 personas, de las cuales 5 son niñ@s, unidos por la amistad, le dieron la vuelta al lago Ranco en bici. Armaron, sin quererlo, una caravana de nuevos y viejos cicloviajeros y cicloviajeras. Congregaron miradas, músculos marcados, un característico bronceado e instauraron, tal vez, una nueva forma de cicloviajar: Familiamistades en bici, La comunidad de las ruedas o simplemente bici caravaneando por el lago Ranco.


Esta historia cuenta de los qué y los cómo de este viaje, porque entendemos que los por qué ya los conocemos: hashtag viajes felices, año nuevo, turismo de bajo impacto, cambio climático, economía local, en bici es mejor, etc.

Partamos entonces por lo más simple:


1.- Cómo armar un viaje en bici.

Tener una bici (no tiene por qué ser tuya).

Sólo eso. Tener o arrendar una bici. La ambición es tuya. No hay receta para la bici perfecta, ni existe la bici que no puede hacer un viaje. En esta ciclocaravana compartimos entre bicis arrendadas y propias, nuevas y viejas, bicis plegables de aro 20 y bicis de niños, bikepackeras con carrito, bicis de uso diario y bicis que hace mucho tiempo no se pedaleaban. Sólo faltaron las amistades con la tándem, bici eléctrica y la con rueda gigante de los 1800’s. En efecto, cualquier bici con la que nos sintamos cómodos/as sirve.


Elegir una ruta

Lago Ranco y alrededores. Tanto para darle una vuelta en un tiempo reducido (alrededor de 150 km, entre 3 y 4 días), como para aprovechar de visitar sus bellas ramificaciones y otras actividades si nos daba la gana (coincidimos con una hermosa bajada del río Calcurrupe, por ejemplo). No somos solamente ciclistas, somos personas con sentimientos y emociones. Además, como veníamos desde distintos puntos del país: Icalma, Santiago, Coyhaique y Valdivia, el Lago Ranco fue un punto medio con facilidad de llegar y medianamente tranquilo (antes de lo que pasó con Piñera). Pueblitos cada 10 km nos aseguraba ir reabasteciéndonos de comida y cosas para tomar. Es por eso que cicloviajeres son un buen aporte a pequeñas localidades.


Llevar tus cosas. Y traerlas de vuelta.

Aparte del arriendo de las bicis, no ocupamos ningún servicio de asistencia ni bicilogística. Es la forma en que conocemos los cicloviajes. Y en los cicloviajes se lleva todo para comer, acampar y dejar los sitios limpios (¡sí todo!). De esta forma se empiezan a sumar una infinidad de alforjas y bolsos, que si no estaban llenos aprovechamos de sumarle kilos de miel, frambuesas y mermeladas de la zona, cervezas, pancitos, packrafts, regalos y otra infinidad de cosas. Acá la filosofía ultraligera  no nos apaña. La que sí sirve es la de no dejar rastro y como regla implícita de la caravana fue la de gestionar nuestros residuos, tanto los orgánicos para transformarlos en compostaje, como el resto inorgánico para dejarlos en los abundantes puntos limpios de las Municipalidades de Lago Ranco y Futrono. Bien ahí.


Fotos: Nico Smith, Enrique Cruz


2.- Cómo armar una caravana

Tener amig@s y amig@s de amig@s. Y familiares.

Eso sí, que estén de acuerdo con los puntos anteriores. El apañe es lo primero y para las generaciones más jóvenes un real incentivo a diario.

Acá, todo comenzó con una cofradía que viene hace 5 años haciendo años nuevos junt@s (Dientes de Navarino, Villarrica Traverse, travesía Jeinimeni-Cochrane, Lago Cayutué, y ahora Lago Ranco). Se han ido sumando, y por desgracia restando, nuevos amig@s y familiares aventuredeseosos. Año nuevo se ha transformado en la última oportunidad del año de hacer algo nuevo y desafiante, y también en la mejor forma de partir un nuevo año nuevo de aventuras, así que todo bien con las resoluciones de año nuevo.


Considerar los vagones de la caravana.

Y digo vagones porque jugamos a un super buen juego de mesa que tiene trenes, carretas y ladrones que van y vienen, pero bien podrían ser unidades de personas dentro de la caravana, que se van haciendo y deshaciendo, juntando y coincidiendo a lo largo del día, según los diferentes ritmos, cansancios y motivaciones. Partes de familias se mezclan con otras partes de cordadas y así vamos avanzando y al final de la cuesta nos juntamos tod@s y así vamos bajando y se desgrana nuevamente el choclo. Esto nos dio muchas ocasiones para ir conociéndonos y poniéndonos al día, del último año, del trabajo, etc. Sí, porque la ley nos permite andar de a dos en la calle e ir conversando alegremente. Tal vez no tanto en esa subida dantesca entre Llifén y Saltos del Nilahue en que juramos que más que pavimento era en realidad lava y donde a ratos uno se pregunta quién nos mandó a pasar el año nuevo pedaleando en subida, pero a los pocos minutos una hermosa vista hacia el lago o una pareja de fiofíos volando nos da la respuesta.


Motivación y confianza

Basta con animarse y sumarse. En nuestro caso sin mucha conversación previa esta caravana se bici-organizó espontáneamente. Quienes venían con más experiencia iban compartiendo las sabidurías de la ruta a quienes venían con menos viaje, del cómo mejor ordenar las cosas, a confiar en la bicicleta y sus capacidades, motivando y acompañando en los momentos difíciles (benditas cuestas bajo el sol abrasador). Los sin hijos, protegían en la ruta a los niñ@s y mapadres que cargaban, empujaban y tiraban de los suyos (l@s verdaderos héroes!).


Fotos: Nico Smith, Montse Lara, Flo Benítez


3.- Qué debemos considerar ahora que tenemos bicis y una caravana

Las cosas básicas, que cada uno de nosotros tiene una masa y velocidad.

Eso quiere decir que arriba de la bici ocupamos un espacio determinado en un tiempo determinado, y por más que varios conductores de camionetas no entiendan el mundo así, necesitamos una mejor aplicación de la ley de convivencia de modos. En esta ruta hay sólo una decena de km de ciclovía, en el sector de Llifén y el resto a compartir con vehículos y camiones. Lago Ranco podría ser un paraíso del cicloturismo si implementara más cicloinfraestructura y por supuesto medidas más fuertes en seguridad vial, sobre todo en cercanías de los centros poblados, como señalética apropiada y mayor apoyo de carabineros en aplicación de leyes que de verdad salvan vidas. Por mientras, harto gesto, ropa con colores vistosos y reflectantes, andar más agrupad@s, sobre todo protegiendo a los más pequeñ@s.


Las no tan básicas como dónde acampar, qué pasa si mi bici muere, qué pasa si…

Siempre un viaje en bici es una aventura, porque estaremos inmersos en los elementos que dejamos afuera cuando viajamos en otros medios: se nos viene el viento, calor, frío, lluvia, insectos, terremotos, erupciones volcánicas, etc. En nuestro caso, tuvimos mucho calor todos los días, así que harto bloqueador, gorro debajo del casco y chapuzones en lagos y ríos.



Hay una infinidad de opciones para hospedar o acampar. Los valores varían enormemente, como si a algunas zonas la inflación pegó más duro. También pudimos acampar salvajemente (suena más respetuoso y menos fiestero en inglés: wildcamping) siempre respetando el lugar y su paz. Eso sí, como éramos hartos preferimos la ocupación de campings.

Tal vez faltan más datos de talleres de reparación de bicis, aunque encontramos uno que nos salvó con un neumático nuevo. Pero 150km es poco trayecto como para necesitar reparaciones importantes en nuestras bicis. Además, siempre en los grupos hay alguien más sabia/o en mecánica, en botánica, en cocina o en predicciones del futuro que puede prestar ayuda.


El tiempo es ahora.

Y con esto terminamos este relato. Nuestra zona sur es ideal para hacer cicloviajes, tanto solos, como en caravanas añonuevísticas. Tenemos, sin embargo, una gran responsabilidad de hacerlos de forma segura y sustentable en el tiempo.

Arriba de la bici nos damos más cuenta del ritmo, de lo importante que es conservar estos espacios, de por qué debemos ser turistas responsables y lo fácil y necesario que son los viajes de mínimo impacto ambiental. Adentro de una caravana aprendemos a comprometernos, comunicarnos y a seguir creciendo comunidades que vayan sosteniendo esto. 

Fotos: Nico Smith, Montse Lara


Editado por Nicolás Smith. Historias de Florencia Benítez, Lorena Chrisse, Enrique Cruz, Amancay y Christian Juica, Montserrat Lara, Ángela Mimica, Catalina Ramírez, Samuel y Tomás Smith, Ana, Andrés y Pamela Torres, y Violeta Venegas.

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