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  • Pascal Elgueta Silva

No lo pensé mucho, tomé la bici y me fui.

Andar en bici para mí es un acto de independencia y autonomía.

Sólo agarro la bici y puedo ir a donde yo quiera, sin necesidad de acudir a mi mamá o papá. Como yo vivo en un cerro, tengo que bajar hasta Coyhaique siempre en auto, pero en bicicleta es otra cosa, la sensación de adrenalina es mucha, demasiada.


No había bajando antes en bicicleta hasta la semana ante pasada (19 de julio para ser exactos), que mi mamá había salido con el auto, y yo tenía que buscar un regalo, así que no lo pensé mucho y me fui.



Hace rato no andaba en bicicleta, pero aún podía mantener el equilibrio y evadir los autos. Me acuerdo que en la bajada saludaba a todos los autos y personas que me encontraba. Quería compartir mi felicidad. Dos veces bajé en la semana y fue uno de mis mayores logros, me sentí muy orgulloso, y mi familia también. Además Coyhaique es una ciudad pequeña y puedo avanzar de un lado a otro mucho más rápido que caminando.


No sé si fue suerte pero la primera vez que bajé, me encontré un billete de mil pesos, y pude comprarme dos jugos porque la subida del bypass es agotadora, y no tenía agua. También pude tomarle fotos de cerca a un Martin Pescador que siempre lo veo cuando paso en auto pero no me detengo a observarlo. Esta vez pude tomarle fotos y mirar más detenidamente el paisaje. Una experiencia liberadora.


- Pascal Elgueta Silva

15 años, Coyhaique

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